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Publicado en Historias / Reflexión / — Adriana Mason / 2015-04-14 15:43:35 / 1009

¿Eres Un Elefante?

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Cuando era niño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También como a otros, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, el elefante, hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal. Pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: Qué lo mantiene entonces? Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a un maestro, a mi padre, a un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca, y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí, por suerte para mí, a alguien que había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y así en días consecutivos.

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su condición y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE. El tiene el registro y aquel recuerdo de la impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Nunca volvió a intentar poner a prueba su fuerza. Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a ciertas de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo… No puedo y nunca podré.

Crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar. La única manera de saber, es intentar una vez más poniendo TODO TU CORAZON. Si crees que puedes, entonces… PUEDES!

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